1. Actualizaciones y parches regulares
El punto de partida de todo. Mantén WordPress, temas y plugins siempre en su última versión. Cada parche cierra una puerta que los atacantes ya conocen.
2. Gestión y control de usuarios
Da a cada usuario solo los permisos que necesita (principio de mínimo privilegio). Elimina cuentas inactivas, evita compartir accesos y revisa periódicamente quién tiene rol de administrador.
3. Autenticación de dos factores (2FA)
Añade una segunda capa de verificación al login. Aunque roben tu contraseña, sin el segundo factor no entran. Es simple de activar y muy efectivo.
4. Firewall y detección de intrusiones
Un firewall de aplicación web (WAF) filtra el tráfico malicioso antes de que llegue a tu sitio. Sumado a un sistema de detección de intrusiones (IDS), te avisa de actividad sospechosa a tiempo.
5. Copias de seguridad y pruebas de restauración
Haz respaldos automáticos y —clave— prueba que se pueden restaurar. Guárdalos fuera del servidor. Un respaldo que nunca probaste no sirve el día que lo necesitas.
6. Certificados SSL/TLS y HTTPS
El candado de HTTPS cifra la información entre tu sitio y tus visitantes. Además de seguridad, es un factor de confianza y de posicionamiento en Google.
Ninguna de estas prácticas por sí sola es suficiente. Juntas, son una muralla.